— Eh... bien hallado(a) seáis, ser. Os ruego que me perdonéis por las molestias que os he causado. He abandonado la vida de ladrón. Me he vuelto honrado y trabajo de aprendiz en la posada... Estoy en deuda con el posadero. Y, con vuestro permiso, con vos también. Me habéis enseñado que en la vida hay algo más [que] intentar llenarse la panza.
— Me gusta la vida que llevo aquí, lo tengo claro, pero... Necesito cerrar mi vida anterior como corresponde. Me he propuesto ir a ver a mis antiguos compinches. Abandonar definitivamente el redil... aunque no va a gustarles cuando lo oigan.